REFLEXIÓN

Fray Ignacio Calle Ramirez (Animador Provincial)

 

" Sin una experiencia profunda  de Dios no se puede llegar a una vivencia fraterna en nuestras comunidades, no nos hagamos ilusiones.."

Los puntos de referencia frente a los cuales debemos revisar nuestra vida, nuestro quehacer apostólico son claros y están consignados bellamente en las Constituciones, pero en estos días el Santo Padre nos invita a revisar la pobreza de nuestras comunidades, si bien es cierto trabajamos con los pobres, los que nadie quiere y este compromiso de los hermanos es admirable, no cabe duda que a nivel personal y comunitario podemos ser un poco más radicales. Este es el llamado, la denuncia de nuestro máximo animador a nivel mundial. 'La hipocresía de los hombres y mujeres consagrados que profesan el voto de pobreza y, sin embargo, viven como ricos, daña el alma de los fieles y perjudica a la Iglesia', sentenció Francisco frente a 4.000 miembros de las comunidades religiosas surcoreanas en el complejo de Kkottongnae, unos 100 kilómetros al sur de Seúl.

Frente a nuestras familias, la mayoría, por no decir todas viven como pobres y escasamente alcanzan a cubrir sus necesidades básicas, como leemos nuestra vida de pobreza, pues nosotros hemos prometido ser pobres por vocación y no tanto por necesidad como nuestros padres, hermanos y parientes.

En qué aspectos podemos reflejar en nuestra vida e instituciones la pobreza que hemos elegido.

Demos gracias a Dios por nuestra entrega generosa, por nuestro apostolado realizado con tanto amor y dejemos que el Buen Dios ilumine nuestro caminar y nos conduzca a una vida de más unión a Él y a su querer.

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Solo Dios puede hacer de dos o más una comunidad de vida y es una tarea imposible para nosotros que estamos tan dominados por el egoísmo, por el afán de protagonismo, si Dios va tomando posesión paulatinamente de nuestra vida nos mostraremos cada día más comunitarios, solidarios, compasivos.
Ya el santo Evangelio nos  coloca la unidad como condición para que nuestra el mundo crea: que todos sean uno para que el mundo crea que me has enviado. Juan 17,21.


Es el milagro que Dios hace en los creyentes es el de volverlos comunidad, trabajo que el mismo Señor realiza pero con nuestra colaboración constante, con el salir de nosotros mismos y posibilitar que Dios haga su obra, o dicho en palabras tan repetidas, dejar a Dios ser Dios en nuestras existencias.
Es tan fácil engañarse en la vida espiritual y creer que estamos bien, pero la vida comunitaria nos aterriza, nos evalúa y evidencia nuestro real crecimiento en la vida del Espíritu.


Mientras más crezca nuestra intimidad con Dios más fácil será nuestra vivencia de los compromisos religiosos, mas pobres y desprendidos, más afectuosamente castos y más dóciles a dejarnos conducir por el Espíritu.

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